miércoles, octubre 10

El síndrome de las piernas inquietas



Este síndrome de causa desconocida es en los últimos años motivo de estudios e investigaciones pues se considera una causa infravalorada e infradiagnosticada de insomnio.

Se denomina así a un trastorno neurológico que consiste en que el individuo que lo padece percibe una sensación molesta de disconfort en las piernas que le obliga a moverlas o a deambular para encontrar alivio.

Esta sensación desagradable comienza o se empeora con el reposo nocturno.
Los pacientes afectados refieren esta sensación como de: hormigueo, ardor, picor, dolor, burbujeo, sensación de tener gusanos en las piernas o de agua corriendo.
El síndrome de piernas inquietas no es grave ni mortal pero sí  acaba afectando la calidad del sueño de quien lo sufre, siendo pues una causa de insomnio a menudo no diagnosticada por la dificultad en describir los síntomas por el paciente.

Al disminuir la calidad y la cantidad del sueño también lo hace la calidad de vida, pues aparece fatiga y cansancio y dificultad en la concentración al día siguiente.

En la actualidad se desconocen las causas que lo provocan en la mayoría de los casos y se habla de trastorno idiopático, si bien si se comprueba que existe un componente hereditario que predispone a que en una misma línea familiar encontremos varios individuos afectados.

En otros casos puede deberse a una lesión de nervios periféricos, a un deficiente transporte de hierro al cerebro o a un aumento de urea en sangre.
Este síndrome de piernas inquietas se calcula que puede afectar a un 10% de la población siendo más frecuente en  mujeres y en ancianos.
Existe algún tipo de relación con la producción de hormonas femeninas puesto que se ha observado que casi la cuarta parte de mujeres embarazadas lo padecen y también se han observado exacerbaciones durante la menstruación y en la menopausia.
Por otro lado  se cree que la aparición de este síndrome guarda relación con la disminución con la edad de un neurotransmisor, la dopamina.
Esta sustancia es necesaria en la realización y coordinación de movimientos.
Por ello el tratamiento de primera elección consiste en la administración de fármacos dopaminergicos.

Diagnóstico

Es posible diagnosticar este síndrome mediante un estudio polisomnográfico o estudio del sueño.
Se han de cumplir los siguientes supuestos:
  • Sensación molesta en las piernas que incita a moverlas.
  • Inicio o empeoramiento de los síntomas en reposo o al acostarse.
  • Los síntomas mejoran o cesan al mover las piernas.
  • Aparece esta sensación por la tarde o por la noche.

Tratamiento no farmacológico

El tratamiento no farmacológico pasa por una serie de medidas generales como son:

  • Adquirir un buen hábito o rutina de sueño
  • Realizar ejercicio aeróbico durante el dia,no por la tarde.
  • En muchos pacientes los síntomas se alivian con el frio. Mojar las piernas  con agua fría antes de acostarse puede ser una solución.
  • Evitar la cafeína, el alcohol y el tabaco y otros excitantes.
  • En pacientes con una pérdida crónica de hierro, buscar la causa e iniciar terapia de reemplazamiento.
  • Realizar técnicas de relajación progresiva, actividad mental del tipo de crucigramas, puzles y técnicas de relajación para reducir el estrés.

Tratamiento farmacológico

En cuanto al tratamiento farmacológico la primera elección como ya se ha comentado son los fármacos dopaminergicos: L-dopa/carbidopa (entre 50 mgr y 200 mgr por la noche) y agonistas dopaminergicos como pramipexol, ropirinol.
Otra alternativa es determinados  fármacos antiepilépticos como la gabapentina, pregabalina, topiramato o carbamazepina.
Como tercera elección opiodes como codeína, dextropropoxifeno o metadona.
En casos leves se puede recomendar la administración de una benzodiacepina como el clonazepam (0.5 a 2 mgr) al acostarse, para tratar el insomnio asociado.
También pueden estar indicados suplementos de hierro, acido fólico, vitamina B12 o magnesio.