jueves, noviembre 1

Soja y menopausia



Se llaman estrógenos naturales a aquellos compuestos presentes en numerosos alimentos de origen vegetal como cereales integrales, legumbres, hortalizas y frutas y que provocan una respuesta biológica en vertebrados  similar a los estrógenos endógenos, ya que son capaces de unirse a los mismos receptores que ellos.

Poseen una similitud estructural con el estrógeno natural, el 17 beta estradiol y también con los sintéticos.

Por ello se les atribuye acción estrógenica débil y se habla de ellos como moduladores selectivos de los receptores estrogenicos naturales.

Para explicar en qué consiste esta acción estrógenica débil y hacia donde nos interesa llegar, hay que saber  que nuestro cuerpo posee dos tipos de receptores para estrógenos: el alfa y el beta.

Un receptor biológico es una molécula que presenta afinidad por una determinada sustancia, y que con la unión a ella desencadena una serie de reacciones que al final se traduce en un determinado efecto o actividad biológica.

Estos receptores para estrógenos alfa o beta tienen distinta localización.

Los alfa se encuentran en el sistema nervioso central, en endometrio, en mama y en hígado.
Los beta mayoritariamente en hueso, pared vascular, tracto urogenital y también en sistema nervioso central.

Es importante la selectividad con la que actúan estos estrógenos naturales ,ya que si actúan con preferencia sobre receptores beta su efecto se nota en los órganos en los que se encuentran y que hemos comentado; son hueso, pared vascular, tracto urogenital y sistema nervioso central.

Si apenas tienen afinidad por receptores alfa se evitará la proliferación del tejido de la mama y el endometrio.

Estas acciones de los estrógenos naturales o fitoestrógenos es particularmente interesante en una etapa de la vida de la mujer en que el nivel de estrógenos comienza a disminuir y eso conlleva una serie de efectos molestos o poco deseados: la menopausia.

El interés por estos estrógenos naturales surge a partir de estudios epidemiológicos en que se comparaba la dieta de la población occidental con la oriental, en especial Japón y otros países asiáticos.

En los países orientales existe una menor incidencia de enfermedad cardiovascular  y de algunos canceres dependientes de hormonas como el de mama,endometrio,colon y próstata.
Además también las mujeres orientales tienen menos trastornos asociados al climaterio que las occidentales, como por ejemplo los sofocos.
Asimismo se observó que mujeres orientales que emigraban y adoptaban una dieta más parecida a la occidental dejaban de tener estas ventajas.

Una de las mayores diferencias entre una dieta en occidente y otra en oriente radicaba en el mayor consumo por parte de estos últimos de soja y sus derivados (entre 10 y 40 veces superior).

La soja es una planta leguminosa de la misma familia que el guisante o la judía. Es originaria del sudeste asiático y se conoce su condición de alimento desde el año 2800 Antes de Cristo.
En el siglo XVIII fue llevada a Europa y a Estados Unidos a principios del XIX.
Entre otros componentes, la soja destaca por su contenido en isoflavonas.
Las isoflavonas constituyen la familia de fitoestrogenos más numerosa y estudiada.

Las encontramos en todas las legumbres, pero es particularmente abundante en  la semilla de soja, en la harina de soja, el tofu, el miso y el licuado.
Las isoflavonas permanecen bastante estables en el proceso de cocción.
La soja germinada y la salsa de soja ya apenas contienen estas isoflavonas.

Genisteína y daidzeína son las isoflavonas más importantes de la soja.

En la planta se encuentran en forma de precursores y es tras ser ingeridas, y por la acción enzimática de bacterias intestinales, cuando se transforman en moléculas activas y ya son mucho mejor absorbidas por el epitelio intestinal.
Esto significa que el uso de antibióticos de amplio espectro, o enfermedades gastrointestinales afectarían a la transformación y absorción de estas isoflavonas, lo mismo que una ingesta elevada de fibra podría disminuir su absorción.

Isoflavonas en la menopausia

La actividad estrogenica de las isoflavonas es la más investigada.

Según estudios epidemiológicos una dieta rica en isoflavonas reduce la incidencia de la sintomatología en el climaterio, en especial los sofocos.

Además se observa una mejora significativa en trastornos del sueño, nerviosismo, estado de ánimo depresivo y disminución de la líbido.

La dosis recomendada de isoflavonas es entre 40 y 80 mg al día, siendo ésta una dosis segura. La proporcionarían 140 gr de tofu o medio litro de leche de soja.

Numerosos profesionales sugieren que estos efectos beneficiosos se mostrarían en aquellas mujeres menopáusicas con síntomas leves y que lo verdaderamente eficaz seria incorporar a nuestra dieta habitual este tipo de legumbres desde bien temprano y no a los 50 años.

Aunque con reservas, por lo limitado de los estudios de los que se dispone, también se sugiere un efecto positivo de las isoflavonas sobre la densidad mineral ósea, y por lo tanto su efecto protector frente a la osteoporosis.

También parece tener un efecto positivo en la modificación de los niveles de colesterol en sangre, desconociéndose todavía su mecanismo de acción.

Esta actividad hipocolesterolemiante no tiene relación con su afinidad por receptores estrogenicos por lo que el varón con niveles elevados de colesterol también podría verse beneficiado de la ingesta de soja.